Sobre mí
La primera vez que mi padre puso una cámara en mis manos -su Voigtlander Vitoret- ya tuve claro que aquello me iba a gustar. Y no tenia ni idea de que aquel primer contacto sería el inicio de una larga amistad.
Tan pronto tuve capacidad de gastar algo de dinero, mi primera cámara fue una Nikon F-301 con un 35-70mm AF Nikkor. Ese día descubrí que esta es una afición cara… Pero no tenía ni idea de cuánto. Sospecho que mi padre hizo suya la broma de «haz que tu hijo se aficione a la fotografía, no le quedará dinero para ningún otro vicio»
Mi otra gran pasión…
– la naturaleza – también me empujó hacia el mundo de la fotografía: todo aquello que veía en el campo por fuerza tenia que quedar genial en papel fotográfico -aunque después resultó mucho más complicado de lo que mi entusiasmo juvenil me hacia intuir- De hecho, durante mucho tiempo dudé de si era un loco de la naturaleza que hacia fotos o un loco de las cámaras que salía al monte. Finalmente, la cosa ha terminado en un justo empate, aunque el grueso de mi porfolio sigue siendo de vida salvaje.
En los últimos años he empezado a probar otras temáticas: Me he -sería más correcto decir que me han- involucrado en proyectos de teatro, moda, recreaciones históricas y cosplay —principalmente steampunk— y la verdad es que ha sido un regalo. Cada una de estas actividades tiene sus particularidades, sus necesidades y sus códigos. Entenderlos y ser capaz de plasmarlos es una aventura fascinante.
Esta última parte ha tenido mucha incidencia en cómo interpreto hoy la fotografía. Al principio, mi fotografía era básicamente reacción: capturar lo que tenía delante, adaptarme a lo que sucedía y ser lo bastante rápido para atrapar esos instantes únicos en la naturaleza.
Al iniciar proyectos de carácter más artístico cambió mi percepción. Recuerdo unas fantásticas conversaciones con J.C, gran amigo y en muchos aspectos mentor, en las que vimos que a lo que me enfrentaba era lo que los expertos llaman “proceso creativo”: el recorrido desde imaginar una imagen, darle forma en tu mente y, finalmente, convertirla en realidad a través de la cámara. Ese momento marcó un antes y un después en mi manera de entender la fotografía. Las sesiones de preparación, pensar las iluminaciones, trabajar con los modelos y con los equipos de maquillaje o vestuario, las discusiones conceptuales y llegar a puntos de encuentro me han hecho descubrir un mundo que nunca deja de maravillarme.
Además, he tenido la fortuna de compartir experiencias y en algunos casos colaborar con fotógrafos que me han hecho crecer enormemente. Oriol, Gabi, Izaskun o Julia son, además de referentes, buenos amigos y este es un regalo inmenso.
Al final, preparando este texto, me doy cuenta de que para mí la fotografía es una forma de mirar e interpretar el mundo, es mi lenguaje artístico. Simplemente otra forma de expresarme y la más personal.
Los que me conocen dicen sobre mí…