La fotografía no depende del tamaño de la cámara, sino de la mirada. Como decía Chase Jarvis, “la mejor cámara es la que llevas encima”, y es una verdad a la que cualquier fotógrafo se enfrenta tarde o temprano. Hay momentos que no esperan: ocurren sin avisar, duran un instante y desaparecen para siempre.
No siempre llevo conmigo todo el equipo, pero sí llevo conmigo algo igual de importante: la capacidad de observar. Henri Cartier‑Bresson hablaba del momento decisivo, ese punto exacto en el que la escena, la luz y el significado se alinean. Cuando eso sucede, lo esencial es estar presente y disparar, sea con una cámara profesional o con la cámara del móvil.
Este apartado existe porque creo en esa idea. Porque una buena fotografía nace de la intuición, del ojo y del instante, no del dispositivo. Y porque muchas de las imágenes más sinceras, espontáneas y humanas surgen precisamente cuando no estás pensando en hacer fotografías y solo tienes el móvil a mano.